Todos quieren su ‘Watergate’

En los últimos días estamos asistiendo a un ‘renacer‘ del interés ciudadano por las portadas de los periódicos del día.

Ya no pasa como hace no tanto, cuando tenías que ponerte la radio a las 6 de la mañana -o bajarte al kiosco- para saber qué traía la prensa. Aunque muchos insisten en dar al papel por muerto, la ceremonia de abrir el diario en tu casa, en el bar o en la oficina sigue siendo un ritual con muchos fieles, mal que les pese a los gurús de los ‘mass media’. Son los mismos visionarios que intentan periódicamente matar y enterrar a la radio y no me caen bien.

Entre las portadas de El Mundo con las declaraciones/filtraciones/SMS de Bárcenas en siniestros fascículos y las fotos gerontófilas de La Gaceta; con El País, ABC y las cabeceras regionales buscando su espacio, y con la mitad de las redacciones de este país en manos de becarios… Pese a todo eso, yo no me atrevo a dar a la prensa escrita por muerta.

Cabeceras para todos los gustos. Hasta para los malos

Cabeceras para todos los gustos. Hasta para los malos

Vale, sí. Claro que las redes sociales también cuentan y le comen el terreno al negro sobre blanco, a la celulosa. Las portadas están colgadas en Twitter la medianoche anterior, y aunque se compartan muchas veces, la OJD nos dice que no hay tantos que luego se compren el diario y ADEMÁS lo lean.

Los periodistas tenemos muchos defectos, algunos que podríamos considerar endémicos, que es como si florecieran en nosotros en cuanto el gremio nos acoge. También tenemos otras características, buenas y malas, que tienen que ver exclusivamente con la calidad humana y profesional que tenemos de forma individual: a veces incluso nos adorna alguna virtud y todo.

No sé cómo calificar la obsesión con la exclusiva, con el ‘bombazo’. Eso de ser el primero -el único, quizás, durante algunas horas- en contar algo.

Sinceramente creo que a la gente, al público, le da igual quién lo cuente antes. En las redacciones nos volvemos locos con las exclusivas y resulta que a los 10 minutos de sacar una noticia ya hay alguien con un PC en alguna parte haciendo un ‘corta-pega’ de lo que tú has escrito, o llamando a personas con las que tú no has hablado para que le cuenten qué hay de cierto en tu texto. El de ser el primero es un juego, una filia profesional que al resto de los seres de la creación les importa más bien poco.

Miércoles, 11 de la mañana. Repaso a los magacines televisivos que pueblan el espectro catódico. Mismos grandes temas, similares conexiones en directo, incluso tertulianos repetidos. Abuso ad náuseam del letrero de “Exclusiva” en cada vídeo. No hay más que cambiar de canal un nanosegundo para comprobar que de ‘exclusiva’, nada.

Mediodía cualquiera. Somero vistazo a la revista de prensa o a las cabeceras digitales. Prácticamente todas incluyen ahora una estupenda barra de los llamados ‘temas calientes‘, con los asuntos de los que se está hablando, al modo de los TT de Twitter. Comprobación: el 98% de asuntos se repiten en unas y otras páginas.

Lo que importa es quién nos los cuenta y cómo, no el qué. Y el cuándo es un rasgo residual.

Mesa de redacción. La lonja 2.0

Mesa de redacción. La lonja 2.0

Si leemos A, rara vez repararemos en B, si no es por comparar los dos medios a grandes rasgos para concluir con autosuficiencia: “Qué basura de panfleto es B”. Lo habitual es ser de un ‘equipo’ -léase línea editorial-: del rojo, verde o azul, como en el fútbol.

Y quejarse; quejarse mucho de las decisiones arbitrales, y levantarse un día pensando que nuestro equipo es el mejor, y al siguiente decepcionarse con él, y luego decir que el entrenador es un pelagatos y más tarde que es el mejor del mundo.

Pero en esto del periodismo no ganamos nada; es como una liguilla que no termina nunca. El titular que nos hace vender hoy un millón de periódicos, o que nos escuchen 3 millones de oyentes, mañana no contará. El marcador se pone a cero todos los días. Por eso me gusta tanto este mundillo; porque hay días en los que te sientes como Bob Woodward o Carl Bernstein y otros como si fueses becario otra vez. Y otra. Y otra.

Para utopías, siempre nos quedará The Newsroom. Ojo a esta secuencia, que obligaría a ver a los alumnos de Peridismo en 1º, para que no pierdan la esperanza y vean de qué va esto. In Sorkin we trust.

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