Miedo

El miedo es uno de los mecanismos más útiles para el ser vivo. Desde que nacemos, experimentamos el miedo a lo desconocido y esa sensación de peligro ha sido garante de nuestra supervivencia como especie durante generaciones.

¿Qué pasa hoy en día, cuando ya no tenemos miedo a depredadores ni peligros ambientales?

Esa inquietud se ha refinado y ahora tememos quedarnos solos en la vida, perder a un familiar o amigo, ser despedidos, enfermar,… Son necesidades afectivas, no básicas, como comer y beber. Somos más complejos y por eso sentimos un terror más sutil y elaborado.

No me da miedo quedarme sola en casa, la oscuridad o el dolor.

Sí puede ser que en alguna ocasión haya tenido que dormir con la luz de la mesilla encendida después de ver una película de terror, pero no me considero especialmente sensible. Claro que me sobresalto cuando alguien me gasta una broma o creo que he perdido algo, pero en términos generales no me asusto fácilmente.

¿Qué es lo que más miedo da en esta vida?

Casi me alegro de no estar segura de la respuesta.

Cosas que dan más miedo que Slenderman

Cosas que dan más miedo que Slenderman… Un, dos, tres: responda otra vez

El terror nos obliga a estar atentos, con los músculos en tensión, esperando lo inevitable. Esa sensación punzante la gestionan la amígdala y el hipocampo.

Cada momento nos amenazan recuerdos dolorosos del pasado y espectros de futuros peligros en el horizonte, y nos desenvolvemos como podemos entre esas dos fuerzas.

Dicen que el ser humano es una especie especialmente temerosa de todo, pero yo creo que en realidad somos supervivientes natos.

Muchos han aprendido –voluntaria o involuntariamente– que el miedo nos ayuda a adaptarnos a una situación nueva o difícil. El inconveniente surge si ante un problema acabamos sintiendo demasiada ansiedad: entonces, el miedo pierde ese leve valor educativo y se convierte en un auténtico trauma. Quitando esos casos extremos, que quizá se corresponderían con las fobias o las depresiones, una pequeña dosis de temor puede ser un buen motor para nuestro día a día.

El miedo a que tú me faltes mañana es una buena excusa para disfrutar de tu compañía.

El temor a no tener trabajo es una gran motivación para hacerlo hoy mejor que ayer.

Visto así, a lo mejor deberíamos plantearnos si nos merece la pena dejarnos dominar por la angustia o aprender a digerirla y hacer algo útil con ella.

Dicho esto, me retiro para pasar unos días de reflexión. No pensaba que iba a librar durante estos días, pero finalmente podré volver a mi tierra, de manera que hasta dentro de un tiempo no tengo previsto estar conectada más que a la manta eléctrica (llegado el caso).

Feliz Diciembre sin miedo, o con el miedo justo para que todo funcione.

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