Amor al estilo Ikea

Uno de mis propósitos para esta época de cambios (casi todos para mejor) pasa por hacer cosas nuevas. Este domingo -sin ir más lejos- he montado yo sola y con notable éxito un mueble de Ikea, algo que puede parecer intrascendente, pero que no es para nada inofensivo.

Ensamblar las piezas de una estantería, con sus baldas y sus tornillos, es una señal inequívoca de madurez. Uno no monta mesas o estantes por deporte o diversión: a no ser que sea un favor, lo hace con más o menos gracia y convierte esa actividad en un testimonio. Es un símbolo de pertenencia: a un lugar, a un proyecto o incluso a otra persona.

Me explico.

No se monta un mueble si no es porque queremos quedarnos en un sitio, o con alguien, de forma pretendidamente definitiva. Por eso hay tantas parejas felices por todo el mundo amueblando su casa: es un compromiso. Irte a comprar mesas y electrodomésticos con alguien es -a mi juicio- la prueba de amor definitiva. Quizá lo que pasa es que a veces nos vamos al Ikea demasiado pronto y con quien no debemos.

Amor made in Sweden

Amor made in Sweden

En casa de mis padres lo único que ha cambiado en cuanto a decoración desde que se casaron (aparte de un traslado hace unos 15 años) son los sillones, y por una cuestión de uso/abuso: las estanterías de la biblioteca, el mueble del salón o las sillas de comedor son las mismas que les han acompañado desde hace casi 30 años. A lo mejor me equivoco, pero esos seis lustros no creo que los resista con dignidad un mueble de conglomerado barato.

En definitiva, yo he montado hoy una estantería de Ikea con la mente puesta en disfrutar de ella todo el tiempo posible, pero con la idea de que dentro de un tiempo querré -quizás- encargarle a un carpintero una diferente, seguramente más cara, hecha a mi gusto para colocarla en el salón de un hipotético piso (supongo que de alquiler) que aún no conozco y que aún no sé con quién compartiré. O a lo mejor ya nos conocemos, pero no sabemos que en un futuro nos entenderemos mucho mejor que ahora mismo.

Qué queréis que os diga: a veces puede parecer que soy una descreída en cuanto se habla de amor, matrimonio, progenie, etcétera, pero también tengo mi corazoncito y mi listado privado de series y comedias románticas.

Podéis tomároslo como una confesión de domingo. Prometo volver a ponerme seria y profesional a partir de mañana.

Os dejo una canción que pude escuchar el sábado en mi primer concierto en Madrid: fue en el cierre de gira de Xoel López (Deluxe) en La Riviera. Un gran directo con una buena banda que puede ser el último en algún tiempo, ya que se vuelve a Argentina.

Siempre nos quedará el mp3.

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