Desventuras de una carta de presentación

Hace unos días me encontré navegando con una noticia rayana en la anécdota en la que explicaban que cierto joven directivo había ridiculizado on line a una persona que le había enviado su currículum por correo electrónico porque consideró digna de mofa su carta de presentación, al parecer muy genérica (sic). Así que en su blog, previa publicación del texto del aspirante, el potentado JASP (Joven Aunque Sobradamente Preparado, ¿recordáis?) incluyó la respuesta presuntamente mordaz enviada al candidato, trufada de soberbia y rebosante de esa sorprendente necesidad que tienen algunos de demostrar lo listos y fantásticos que son, muy sarcástico y súper-progre todo. Y no le salió bien, claro.

A ver cuántos CVs mando hoy

La esclavitud del desempleado

Lo que sin duda fue publicado con la intención de que fuese una broma entre colegas –qué pazguato el pavo éste, flipa, dirían-, incendió el ánimo de muchos. En horas, circulaban por la red miles de comentarios sobre esa humillación, así que finalmente el señorito-jefe posteó una “disculpa pública“, escueta, movido por la ingenuidad de quien cree que estas cosas se olvidan enseguida. En el texto, dirigido al malogrado aspirante, Carlos, el que para mí debería ser nombrado Joven Empresario del Año ya mismo, escribe lo siguiente sobre su salida de tono:

[…] No son maneras. Es desafortunado. Es prepotente y es cínico. No era mi intención, ni por lo más lejano, humillarte. Tampoco tengo nada contra ti o cualquier otra persona. Tuve un muy mal día (que no es excusa de nada) y ese mail me sacó de mis casillas. […]

Claro que sí, rey mío.

Ay, Nicolás (así se llama). Tuviste un día dificilillo y lo pagaste con lo primero que viste en tu bandeja de entrada. Estarías allí, jugando al Angry Birds, y como eso no te desahogaba lo suficiente, optaste por investirte juez de lo in y lo out y empezar a repartir justicia en correos electrónicos sumarísimos. Tu primer imputado y condenado (aunque algo me dice que esto ya lo habías hecho antes y no había trascendido) fue Carlos. ¿Su delito? Mandar su currículum con una carta de presentación que te enervó cuando leíste el texto, parpadeante, en la pantalla de tu iPhone. Eran unas líneas muy poco cool; quizá algo vagas y poco personalizadas, y eso constituye una falta de respeto increíble que además te había hecho perder tu valioso tiempo. Estaba claro que el que había escrito aquello era merecedor de tu ira.

Muchos empatizamos con Carlos, pero qué difícil nos pones solidarizarnos contigo, Nicolás. Cuesta hasta cuando pides disculpas, querido.

Quienes dedicamos un par de horas todos los días a darle vueltas a las versiones de nuestros currículums, a enviarlos a departamentos de Recursos Humanos e incluso a pasearnos por varias ciudades con copias impresas del mismo sabemos lo frustrante que es no obtener respuesta casi nunca. Imaginaos a Carlos cuando vio en su PC el sobrecito del correo electrónico con el asunto “Re: CV”; quizá demoró el momento de abrirlo para recrearse en la ilusión de ¡por fin! tener buenas noticias, haber conseguido una entrevista de trabajo o prepararse para al menos un sencillo “Gracias, pero no” (que no estaría de menos, gente contratante). Y nada de eso: la respuesta de la empresa no podía ser más lacerante.

Sé que ser jefe es difícil, o lo imagino. No es que yo haya sido jefa de nada, pero alguna vez he gestionado equipos (pequeños, muy pequeños) y trabajado con becarios a mi cargo y puede ser complicado.

Aprender a dirigir, el RETO

Quieres ponérselo fácil a quien te rodea, dejarlo todo ordenado y organizado y cumplir tanto con quienes te pagan como con aquellos que esperan que les ayudes en sus tareas. Si a eso le añades que los becarios siempre te miran con los ojos muy abiertos, como esperando que les descubras no sé qué fórmula de la felicidad laboral, y preguntan cosas que a veces te parecen inverosímiles, la responsabilidad aprieta.

Muchas veces lo máximo que puedes hacer por esos que antes o después van a ser tu competencia (y hasta puede que tus jefes) es enseñarles lo poco que sabes o lo que te ha funcionado hasta ahora y esperar que saquen algo de provecho de ese tiempo invertido en contárselo. Y después de tres meses de verano intentando pastorearles hacia la plenitud profesional, serás afortunado si alguien te da las gracias y te dice que le has ayudado. No pasa siempre, pero cuando sucede te conforta y hace que los desvelos recientes compensen.

Por eso no entiendo la inquina del pseudo-jefe que le mandó al pobre Carlos esa respuesta. Si trata así a alguien que se ofrece a formar parte de su equipo, no quiero imaginar cómo tratará a sus socios, compañeros o subordinados llegado el caso.

Todos nos equivocamos y tenemos malos días, por supuesto, pero lo que no deberíamos hacer jamás es pasarnos de listos, hasta cuando creamos que tenemos toda la razón. No sé si es cuestión de karma, pero esas cosas se pagan.

Ya véis lo que le ha pasado a Nicolás, por espabilado.

¿La lección de hoy? Releer antes de pulsar “Enviar”; dedicar dos segundos a reflexionar sobre lo que vamos a decir antes de abrir la boca. Cuántos disgustos nos ahorraríamos todos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s