Relaciones extrapersonales

Que levante la mano quien nunca haya sido cogido en falta en asuntos de pareja.

Ni siquiera hablo de amoríos formales; también me refiero a esas relaciones en potencia o en acto que no sabemos muy bien cómo considerar cuando hacemos una retrospectiva: con tal, ¿éramos novios o qué? ¿Era yo la otra o lo era ella? ¿Cogerse de la mano significaba lo mismo para ambos? ¿Fue acertado el perdón ante la traición, para mí, para la otra parte?

En fin. Ya intuiréis por dónde voy.

Hay personas en este mundo que no han sido bendecidas con el don de la palabra cuando hay que hablar de política, filosofía o arquitectura civil (por ejemplo), pero que se vuelven oradores extraordinarios cuando de lo que se trata es de embolicar en lo amoroso, verbo muy arraigado en Aragón, sinónimo de embrollar o enredar. Ni Cicerón y sus catilinarias, oigan.

Palabras más, palabras menos

Esto no es una guerra de sexos. Yo me he tenido que escuchar muchas tonterías, pero también he dejado que salieran de mis labios con la ambigüedad y retórica de un culebrón venezolano (en el mejor de los casos) o al más puro estilo Compañeros o Al salir de clase si no me daba la creatividad para nada más en ese momento. Qué daño nos han hecho a todos las películas y las series de TV, de verdad. No digo nada de las canciones porque al rimar se hace más difícil encajarlas en una conversación, pero vaya, que a mí me llegaron a mandar en una ocasión un SMS con la adaptación de una estrofa y resultó ser nada más y nada menos que de Violadores del Verso, desconocedor el susodicho de que yo los escuchaba a menudo. Imaginaos la risa que me dio al leer aquello en mi patatófono, una madrugada. Vaya poeta del copy+paste. Seguro que lo había hecho más veces con otras tantas chiquillas y apostaría a que le había funcionado, pero conmigo le salió regular. No se puede ganar siempre, y bien se nos vale.

El caso es que con la edad los greatest hits en esto de las relaciones (reales o pretendidas) van variando, pero no tanto como podáis sospechar. Si acaso evolucionan y se vuelven algo más elaborados. Puede parecer que hay mucho original y originala por ahí, pero no lo somos tanto: lo que hacemos es aliñar con más o menos gracia frases hechas, lugares comunes y tópicos que llevan entre nosotros desde el principio de los tiempos.

Mis letanías preferidas, antaño detestadas, son las excusas y explicaciones de los infieles, entre los que me incluyo. Lo fui una vez y pagué por ello, aunque por supuesto intenté justificarme con esa misma basura sofista que ahora me resulta hasta graciosa…

Ya sabéis de qué estoy hablando.

Eso de “Sí, tengo pareja, pero las cosas nos van fatal y ahora estoy aquí contigo, y es por algo” y sus variantes, invariablemente acompañadas de ojos brillantes y rostro ladeado, en plan intenso.

Y nos quedamos tan anchos, esperando que la otra parte se lo crea y podamos disfrutar de un entretenimiento aquí y ahora y hasta que se pueda o me descubran, lo que pase antes.

Aún no he visto a nadie que le diga a sus confidentes: “Mira, me gusta tal, así que voy a dejar a cual antes de que pase nada porque está claro que ya no siento lo mismo y no le quiero engañar”, y que efectivamente lo haga. Es mucho mejor llevarlo discretamente y tener a un fijo y a uno o varios suplentes, a dónde va a parar. Y si algún día hay que hacer rotaciones en el banquillo, pues ya lo probaremos y esperaremos que salga todo bien.

Hay personas que hacen eso durante AÑOS y les funciona, aunque la situación suele acabar reventando por uno u otro frente. Porque alguien se cansa, porque la gente murmura o por aburrimiento.

Juegos de manos

Lo que nunca varía es que alguien lo pasa mal; siempre hay uno al menos que sufre, aunque sea un rato. En ocasiones, por sorpresa o dolor ante lo perdido, por lo que se nos va; otras, por la conciencia recién adquirida de haber sido marioneta en un vodevil sin saberlo, el orgullo herido, y a veces porque hemos calculado mal las probabilidades y no nos salen las cosas como habíamos previsto. Suele depender del vértice del triángulo amoroso (ojo, hasta heptágonos he visto yo) en el que nos encontremos en ese momento.

Evidentemente no soy quién ni aspiro a dar consejos, que aquí somos todos mayores de edad, pero sí quiero hacer un llamamiento: prometedme que al menos una vez en vuestra vida seréis originales y diréis la verdad. Una solamente, que ya veréis qué descansado se queda uno.

Si por ejemplo tenéis una novia y una hipoteca y estáis tonteando con otra chica, decidle: “No la voy a dejar ni de suerte, pero me gustaría entretenerme contigo”, así, tal que suena, sin rebuscadas señales contradictorias. Y así ella puede decidir libremente y seguro que será una experiencia única y de la que todos aprenderéis mucho, salga como salga (que igual hasta sale bien, oye). Podéis cambiar el sujeto del ejemplo y poner a una ella con novio, casa y coche compartidos, que da lo mismo.

Casi siempre lo que nos faltan son arrestos, y a veces un poco de vergüenza torera. Yo duermo mucho más tranquila desde que juego con las cartas descubiertas (no hace tanto): a veces sale bien, otras menos, pero nadie dijo que fuera fácil.

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