Yo y mi yo y mi 15-S

Esta primera quincena de Septiembre nos trae los últimos destellos del verano y cierta sensación de apocalipsis inminente, al estilo “Juego de Tronos”, con eso de que Winter is coming. Sí, se acerca el invierno, aunque vayáis en sandalias todavía, y no sabemos lo largo que será. Este verano yo he sido cigarra -y no hormiga- muy a mi pesar, y como yo unos cuantos más, así que cuando he escuchado las declaraciones del insigne ministro Montoro, titular de Hacienda, asegurando que aún queda mucho que reformar (eufemismo para recortar)… Iba a decir que me he asustado, pero más bien me he puesto triste.

Yo quiero ser hormiga, y además se me da bastante bien deslomarme, pero es que nos lo ponen muy difícil. Mucho. Y cada vez más. No quiero nada más que lo que me dijeron que tendría si me dejaba las meninges estudiando: un trabajo. Y no quiero llevármelo crudo a final de mes, ni que sea un puesto de lo mío (eso ya sería milagroso). Yo estoy de rebajas, pero es que ustedes parece que ya han renunciado a escuchar siquiera. Esto no es lo que nos habían contado.

Soplan vientos de cambio, o no

Transcribo a continuación una breve charla que tuve con un chico de unos 19-20 años en la oficina de empleo, hace un par de meses:

ÉL– Qué, ¿mucha cola?

YO– Bueno… Van bastante ligeros.

ÉL– A ver si no nos tienen mucho rato… ¿Llevas mucho en paro?

YO– Pues desde Abril, ¿y tú?

ÉL– Desde primeros de año. ¿Habías trabajado ya antes o…?

YO– Sí, soy periodista y trabajaba en una radio.

ÉL– Osea que has estudiado una carrera y todo.

YO– Sí, aunque hace ya días que terminé.

ÉL– Yo dejé los estudios y viendo de lo que te ha servido a ti, casi que me ha ido mejor, ¿no?

YO (estupefacta)– Eeeeh, bueno, depende cómo lo mires, claro… Perdona, que me toca.

ÉL (tan tranquilo)– Venga, ¡suerte!

Allí hice mutis por el foro, salvada por la campana, para sentarme -cariacontecida yo- ante mi amable orientadora de empleo, que siempre me dedica miradas compasivas y frases del tipo “Con lo joven que eres y la de formación y experiencia que tienes y aquí estás”. Cosas así me dice. Yo le respondo siempre amabilisíma, con mi perfeccionada sonrisa de “Ya ve, señora”, que la tengo muy ensayada. Dígaselo al muchacho con pintas de la fila, que me ha dejado rota, y así nos reímos ya todos.

Hace un tiempo leí un artículo dedicado a lo que el economista de la firma denominaba el rescate del conocimiento. Estimaba que un millón de los actuales desempleados españoles tiene una alta cualificación y no dudaba en referirse a ellos (nosotros) como una generación perdida, ya que no hay manera de crear suficientes puestos para ellos ni industrial ni empresarialmente en nuestro país, y quizá tampoco en Europa. Muy alentador todo, claro, si bien el experto intentaba sugerir al término del texto algunas soluciones para evitar en lo posible ese genocidio laboral.

Este 15 de Septiembre una multitud de personas se manifiesta en Madrid por causas parecidas a las que acabo de exponer. Mientras medios y autoridades se dedican a arrojarse cifras en cuanto al número de asistentes -es una liturgia que me entusiasma-, pensemos en que mañana o dentro dos semanas habrá que seguir demostrándole a quien necesite saberlo que no nos resignamos. A veces puede parecer que estamos a punto, pero no.

Y ojo, que los que hacen imposible una revolución pacífica, pueden convertir en inevitable una revolución violenta. No lo digo yo; la cita es de JFK. Ahí queda, para que pensemos.

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