Las Comunidades Autónomas: ¿qué hacemos con ellas?

En estos tiempos de recortes, de incertidumbre tras cada Consejo de Ministros, de protestas en la calle y consignas arrojadizas, de nuevo surgen voces que agitan una pregunta cuyo debate lleva más de 30 años en barbecho: “Autonomías, ¿sí o no?”. La estructura administrativa de España debería aspirar –hoy más que nunca– a ser un sistema sostenible política, social y financieramente. La división en una veintena de Comunidades Autónomas, más Ceuta y Melilla, y medio centenar de provincias, ¿colabora o entorpece el camino al equilibrio?

Muchos votantes y ciudadanos que salen estos días a manifestarse y a pedir una racionalización de la gestión administrativa no han conocido más España que la de las Autonomías. Cada vez hay más descriptores en nuestra identidad: ciudadano del mundo, europeo, español, castellano-manchego, de la provincia de Cuenca, de la comarca de La Manchuela y concretamente de un pueblo de 200 habitantes, Alarcón (por ejemplo). Cuando comenzamos a evaluar el reparto de los afectos hacia cada pertenencia es cuando podemos encontrarnos con algún problema: “me siento muy tal, pero poco cual y desde luego para nada eso otro, sino totalmente aquello”. Éste es el sentimiento que ha atormentado el ánimo de muchos políticos y ciudadanos españoles durante décadas a la hora de acercarse al porqué y al para qué de las Comunidades Autónomas.

Las Comunidades Autónomas: ¡elija la suya!

Hace poco más de una década, llegó el euro, como antes se abrieron las puertas de la CEE. Y con esa moneda única, España consintió en una integración continental, más allá de lo nacional y por supuesto de lo autonómico, con cesión de soberanía incluida, aunque quizá por aquel entonces no le dimos tanta importancia: éramos Europa. Ahora también; quizá, más. Pero una cosa son los Lander de Alemania o los States de EE.UU. y otra cosa lo que tenemos aquí. En el ámbito internacional (y en algunos sectores de España) no gusta esto de las nacionalidades históricas, los pactos fiscales para unos sí y otros no y no saber a quién y dónde hay que llamar para hablar de un Corredor Mediterráneo, una Travesía Central del Pirineo o poner un Eurovegas. Pero ¿es eso un problema que hayan causado las Autonomías per se o es más bien un asunto de sus gestores?

El estado autonómico es inviable e insostenible, dicen algunos. ¿Puede desmantelarse? ¿Cómo? ¿Qué instaurar a continuación? Las Comunidades Autónomas podrían reconvertirse en pequeños estados (sudores fríos en la grada) y España, en una federación. No es una idea nueva ni descabellada, pero ¿quién se atrevería a acometerla? Sea o no viable, tenemos estado autonómico asegurado para unos cuantos años más. Antes de pensar en desmontarlo, deberíamos prestar atención a sus carencias y racionalizar su funcionamiento. Quizá si eliminásemos duplicidades y hechos diferenciales no sería necesario destruirlo.

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